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Ríos de tela, de pintura, de agua y de fuego

Beatriz Vignoli

 

En Rosario, la ciudad natal de Carla Beretta, existió durante la segunda mitad del siglo veinte (entre 1949 y 1991) una de las mayores fábricas textiles de Latinoamérica. La mayoría de sus cientos de operarios eran mujeres. Según testimonios de ex operarias –reunidos por investigadoras– el establecimiento incluía una guardería para sus hijos.

Proveedora tanto de empleo como de géneros de calidad para confección, la fábrica Estexa daba vida económica a la zona norte, que con su cierre quedó a la deriva. Estaba en el ex barrio Sorrento, actualmente Sarmiento, a tres kilómetros del límite opuesto donde Carla Beretta registró –ya en este siglo– las enmarañadas líneas de cables que conectan clandestinamente viviendas y talleres a una red eléctrica cuyas tarifas ya no son accesibles a todos. En el mismo año en que abría la fábrica textil, un grupo de pintores vinculados a la izquierda internacionalista se reunieron –según cuenta el historiador local Arnoldo Gualino– en un bar del barrio Pichincha, donde fundaron el Grupo Litoral. Integrado por Leónidas Gambartes, Juan Grela y otros artistas, el Grupo Litoral postulaba un arte extremadamente moderno en su lenguaje plástico pero con una imagen que estuviera arraigada en la realidad geográfica y social de la región. Sus paletas de ocres, tierras, colores quebrados y grises de color expresan el paisaje local.

Las anónimas trabajadoras de barrio obrero entre la fábrica y el hogar, por un lado, y por otro los renombrados pintores de clase media en el bar bohemio casi céntrico, vivían en mundos aparte, incluso en un sentido macropolítico: el gobierno nacionalista que había facilitado el desarrollo industrial local era en lo cultural el archienemigo de los modernismos que el Grupo Litoral buscaba situar localmente.

Esas dos Rosarios escindidas confluyen en este Paraná de Carla Beretta. El oficio de costurera conjuga en la materia, blanda y suave, saberes adquiridos sobre el color y la forma que provienen de diversas tradiciones modernistas argentinas, no sólo la del Grupo Litoral sino las de movimientos más radicalizados aún hacia la abstracción, como Madí y Arte Concreto Invención. En cuanto al color en particular, asegura Carla que es “innato”. Hay una memoria cromática del paisaje en estas telas abstractas. Que no sean lienzos en bastidores sino textiles de vestir las sitúa en el arte contemporáneo. Provienen de fotografías que la artista tomó a la vera del río Paraná antes y después de las quemas de humedales, reciente destrucción que su obra denuncia no sin belleza.

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Rivers of fabric, paint, water and fire

Beatriz Vignoli

 

Between 1949 and 1991, one of the largest textile factories in South America operated in Rosario, birthplace of Carla Beretta. Most of its hundreds of workers were women, and according to some former employees the facilities had a nursery for their children. 

Not only did Estexa provide employment and produce high quality textiles, but also it drove the economy of the northern part of the city, left adrift upon the factory’s closedown. In 2013, at the other end of town, Carla Beretta created a series of works inspired by the tangle of wires that illegally provide electricity to homes and workshops that cannot afford the cost of power.

According to local historian Arnoldo Gualino, in the same year Estexa opened, a group of left-wing artists began to gather in a bar located in the neighborhood of Pichincha where they founded Grupo Litoral. Joined by Leónidas Gambartes and Juan Grela amongst other notable artists, Grupo Litoral proposed an extremely modern visual language rooted in the local geography and social make-up of the area. Their palettes featured ochre, earthy, grayish and mixed tones in the depiction of their landscapes.

The anonymous factory workers and the renowned middle-class artists lived in separate worlds; the former at the factory and at home, and the latter at the bohemian downtown bar. This rift concerned politics, too: the nationalist government that had propelled the development of the local industry was, in cultural terms, a staunch enemy of the modernist stance that Grupo Litoral was trying to cultivate.

Both realities of Rosario coincide in Paraná by Carla Beretta. Applied to the soft and gentle medium of this series, sewing brings together knowledge about color and shape from various modernist Argentinian traditions not only Grupo Litoral but also more radically abstract movements such as Madí and Arte Concreto Invención. Regarding color, Carla assures it is “innate”. In these abstract pieces, there is a chromatic memory of the landscape. They are inspired by photos the artist took from the shore of the Paraná River before and after the burning of the wetlands, a recent form of environmental destruction that her work seeks to denounce not without beauty.